Desarrollo
en México
Javier
Matuk
¿Qué tienen
en común un
sistema para el pago de impuestos en Veracruz
y un programa de robótica para estudiantes
de primaria? ¿Un portal de la ciudad de
Puebla y el sistema de monitoreo de la calidad
del aire a nivel nacional? Todo y nada. La semana
pasada fui invitado por la AMITI, Asociación
Nacional de la Industria de Tecnologías
de Información a moderar un panel donde
participaron los cinco ganadores del “Premio
AMITI 2007 del uso y aplicación de tecnologías
de información”.
Además de
saludar a muchos conocidos, esa hora que estuve
compartiendo experiencias y puntos de vista con
los galardonados, me recordó mucho
de lo que me ha tocado vivir en los últimos
años respecto al uso de la tecnología
como motor de desarrollo.
En el caso de los
ganadores, cada uno de los sistemas tiene su
mérito
y por eso fueron seleccionados para recibir el
reconocimiento. Pero más que eso, el mensaje
general del evento –que duró todo
el día
e incluyó a diversos panelistas- fue “en
México sí se puede”. Yo me
pregunto, ¿podemos?
Llevo en esta industria
unos 20 años.
Comencé desarrollando software para “aplicación
vertical”: un sistema para administración
de consultorios médicos. En aquellas épocas,
por supuesto no había Internet y el reto
tecnológico era, por ejemplo, meter la
mayor cantidad de expedientes de pacientes dentro
de un diskette de 5.25 pulgadas. Sí, sé que
es historia añeja, sin embargo, desde
aquellas épocas he venido escuchando lo
mismo: en México hay mucho potencial,
pero pocas oportunidades de desarrollo.
Recuerdo
que estuve cerca –gracias a otra
asociación- del caso de uno de los primeros
financiamientos que hacía el gobierno
a través de Nacional Financiera respecto
a un desarrollo de software. ¿Cuáles
eran las garantías? Ninguna tangible,
sólo la materia gris y la propiedad intelectual
de los involucrados. Ese proyecto en particular
fue un gran fracaso y tal vez sentó precedentes
para lo que hoy vivimos en esa materia en México.
La
referencia a la India como modelo de desarrollo
tecnológico es permanente. Los indios,
o más bien, el gobierno de ese país,
simplemente se fijaron objetivos muy claros:
con toda la mano de obra que tenemos, hagamos
de la nación un foco de desarrollo tecnológico
y exportemos a todo el mundo. Suena sencillo,
pero al ser un programa de largo plazo –algo
que en México casi siempre estuvo limitado
a seis años- no dejó de tener sus
complicaciones. Hoy, 15 o más años
después, se pueden mirar los resultados.
Son una potencia tecnológica, por lo menos
en desarrollo de software y servicios.
Ahora bien,
regresando a México, ¿por
qué nosotros no lo somos? Existen diversos
factores, enumerarlos es lo más sencillo,
vaya, marginación, pocas oportunidades,
en fin, la lista es larga y conocida, pero, ¿cómo
estamos? Creo que regular. Existen, claro, los
contadísimos casos de éxito. Hay
empresas mexicanas de desarrollo de software
que operan a nivel global, pero se cuentan con
los dedos de una mano. Por otro lado, la enfermiza
dependencia que existe con el vecino del norte,
hace que estemos “tan cerca y tan lejos” con
todas sus consecuencias.
No soy pesimista.
Más
bien me ubico en el terreno de la realidad. ¿Tenemos
el potencial para sobresalir a escala mundial?
Sí,
así como lo tenemos en otras actividades
como las deportivas y hasta las artísticas. ¿Lo
lograremos? Es ahí donde ya no puedo contestar
de forma tajante. Aquí la historia es
que, entre mexicanos, nos cuesta mucho trabajo
reconocer a nuestros compatriotas. Si alguien
tiene éxito “seguro fue puro churro”, “ah,
es que tiene amigos que lo ayudaron”, “son
los conectes”. No podemos, y esa es la
parte más básica y más delicada,
reconocer que otro mexicano es mejor que nosotros
y por mucho. Lo he constatado con el tiempo,
al poder viajar constantemente y estar en diversos
foros alrededor del mundo, la coerción
que existe entre grupos de otros países
ya la quisiéramos.
El desarrollo de
portales, aplicaciones y, en general el software,
involucran en gran medida la capacidad mental
de los miembros del equipo. Los programadores,
diseñadores
y demás
personas que participan, ofrecen lo mejor que
tienen: sus ideas. ¿Cómo los recompensamos?
Pirateando, diciendo que fue pura suerte… con
estos pensamientos, ¿la haremos?
Ya comprobamos
y seguimos haciéndolo
casi todos los días: el gobierno no tiene
una varita mágica que diga “ah,
México será potencia mundial en
tecnologías de información dentro
de 10 años, hay muchas ganas de que esto
suceda”. Los problemas son de todos conocidos.
Y no se trata de una posición derrotista,
para nada. Creo que una buena forma de comenzar
a pensar distinto es reconocer lo que hace nuestro
vecino, compañero de oficina, colega o
lo que aplique y ver cómo podemos ayudarlo.
Esa es una pequeña parte que todos nosotros
podemos ir poniendo. Y, ojo, no nos cuesta un
centavo.
Espero
sus comentarios
en los Foros dentro
de www.matuk.com.


Tuve la oportunidad
de usar por unos minutos el nuevo Centro
de Palm. El modelo es más compacto
que cualquier otro Treo, la pantalla sí está un
poco reducida, el teclado también, pero
tendrá una característica que tal
vez lo posicione de inmediato en el gusto del
público: el precio. En Estados Unidos
se vende por unos 200 dólares y en contrato,
baja hasta 100. Se espera llegue a México
en enero y yo espero que le meta ganas el fabricante
y la operadora de celulares para dejarlo lo más
accesible que se pueda. Lo único que no
tiene, de hecho, ningún modelo de teléfono
inteligente de Palm hasta la fecha, es radio
WiFi para navegar por Internet.
El rumor del teléfono
de Google, o GPhone, volvió con fuerza
la semana pasada. Algunos dicen que lo está fabricando HTC,
otros, que ya unos 30 empleados de la firma lo
tienen para “pruebas”. La única
verdad es que no se tiene certeza ni de la existencia
del producto. Aquí puedes
ver algunas ideas que han generado los usuarios
sobre lo que podría ser un “GPhone”.
Vota
para seleccionar el atleta mexicano que participará en
la carrera de la Antorcha
Olímpica rumbo a Beijing 2008. Si
eres el votante número 2008, Lenovo te
enviará una sencilla pregunta por mail.
Si la contestas bien, ¡te ganas una computadora
portátil!
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