Jubilación
Javier
Matuk
Todo comenzó cuando
recibí en
mi casa una llamada con una grabación
que decía “señor, usted no
ha pagado el servicio telefónico, no sea
mala onda, vaya a pagarlo o se lo cortamos”,
claro, ese no era el texto, pero sí el
mensaje.
De inmediato dije, “ah,
ya se volvió loca
la computadora de Telmex, pues por supuesto que
siempre pago mi teléfono”. Al día
siguiente, la llamada repitió y el que
comenzó a volverse loco fui yo. ¿Pagué? ¿Cuándo? ¿En
el portal del banco, como siempre? “Ah,
de seguro pague en el portal y por alguna razón
no funcionó o hubo un error, ahora tendré que
ir a perder horas y horas para resolver el problema”.
Pues
no, por más que busqué el
recibo de pago, no lo encontré. Procedí a
pagar en la sucursal mi saldo pendiente y todo
arreglado… con la telefónica. Al
poco tiempo me buscaron del banco. Por más
que les he explicado, hasta el cansancio, que
no tengo un número fijo de oficina, pues
estoy casi todo el día en la calle, no
me llaman al celular. ¡No vayan a gastar
2 pesos en una llamada! Así es que después
de un estira y afloje telefónico, por
fin me encontraron un día a las 7 de la
mañana “Sr. Matuk, pague por favor
su tarjeta, que se venció hace una semana”,
o algo muy parecido me dijeron.
Mi contestación
automática y a
esas horas de la madrugada fue, ¿qué debo? ¡Ustedes
están locos! Yo no debo nada y no sé porque
me están molestando a estas horas (y luego
luego recordé que el banco es tan pobre
que no puede gastar 4 pesitos en una llamada
a celular en horas decentes), pero en fin, el
asunto es que ellos decían que debía
dinero y tenía que pagarlo a la brevedad.
Una
vez más, a revisar los estados de
cuenta… “mmm, pensándolo
bien, hace tiempo que no veo ni estados de cuenta
ni sobres de cualquier tipo en mi casa”….
Que raro, algo raro estará pasando con
el mendigo banco, ¡que para cobrarme intereses
no me manda mis estados de cuenta! ¡Es
un complot! (qué no “compló”,
eh) ¡Están conspirando contra mí! ¡Sólo
eso me faltaba!
Después
de razonar la situación,
pagué todo lo que debía y unos
días más adelante llamé al
banco para levantar un reporte “no me llegan
mis estados de cuenta ni nada del banco”,
a lo que el amable empleado me preguntaba “¿está seguro,
señor?” A punto de entrar en un
estado de uso de palabras altisonantes, decidí tranquilizarme
y decirle al tipo “claro que estoy seguro,
no me llegan sobres de su banco”, a lo
que me dijo “bueno, levantaré el
reporte y le preguntaremos al servicio postal”.
Nunca relacioné ese hecho con el que tampoco
me llegara el recibo de Telmex.
Así, pasó el
tiempo, las semanas y ¡ooootra vez! “Señor,
pague el teléfono o se lo cortamos”,
y la misma historia con el banco “pague,
pague, no podemos llamarle a su celular por que
nos sale bien carísimo, pero pague por
favor, aunque sean las 10 de la noche y le esté marcando
a su casa, pague por favor”. Es en ese
momento cuando dije “esto está llegando
a dimensiones descomunales”.
Investigando
las causas de nuestra desgracia, y digo nuestra
porque las demás casas
en donde vivo tienen el problema, un emisario
acudió a la oficina de correos que corresponde
a la zona (el primer lío fue averiguar
cuál es) en donde descubrimos la verdad, “ah,
sí, es que su cartero se jubiló hace
dos meses y estamos pensando que hacer con la
correspondencia, es decir, no sabemos todavía
a quien vamos a asignarle para que entregue,
pues no conocen, pero aquí tenemos todos
sus sobres”. No puedo describir lo que
pensé al enterarme de la situación.
Nadie se atrevería a publicar semejante
colección de palabras y pensamientos soeces,
el punto es que, aunque usted no lo crea, ¡mi
cartero se jubiló y por eso no recibo
correspondencia!
Desde hace años
lo único
que llega a mi domicilio son facturas, estados
de cuenta, avisos y publicidad. Lejos está el
día
en que se usaba el antiguo arte de escribir una
carta y enviarla por correo postal. El e-mail
llegó para incrustarse en nuestras vidas
y, si a usted le sucede como a mí, que
no se levanta todos los días pensando… ¿qué tengo
que pagar hoy?, le conviene solicitar todo tipo
de recordatorios electrónicos, estados
de cuenta por e-mail, cargos automáticos
y demás. No sea la de malas y el cartero
de su rumbo se jubile pronto. Espero
tus comentarios en los Foros dentro
de www.matuk.com.


Sólo
por no dejar, este artículo
le había puesto “El cartero no siempre
llama dos veces”, era un título
más adecuado, pero tremendamente largo.
¡Ya
tengo invitaciones para Joost!
A los primeros 50 lectores de Desde el Teclado
que quieran probar el nuevo servicio, sólo
envíenme un mensaje.
A lo largo de la semana espera en tu buzón
de correo la respuesta y liga para descargar
el software. Lo único que pido a cambio
es que me manden sus comentarios una vez que
lo tengan en su pantalla y lo hayan usado.
El
sábado tuve que ir al centro comercial
Santa Fe. Por casualidad me encontré con
el stand de Dell y
pude comprobar que se han quedado atrás
en diseño estético de sus laptops,
comparados con otras marcas. Eso es sólo
mi opinión, pero el colmo es que cuando
le pregunté a la señorita que estaba
ahí atendiendo, la clave de acceso para
poder entrar a la máquina de demo, me
contestó “no se la puedo dar”,
a lo que dije “¿Cómo?”, “Sí,
estás máquinas no se pueden usar,
son sólo para que las vea”. En lugar
de intentar explicarle a la mujer el modelo de
negocios de la empresa para la que trabaja y
que precisamente el fin de ese lugar es que el
usuario toque, pruebe y tenga en sus manos los
equipos (claro, eso me imagino yo) decidí retirarme
sin decir nada más. Si no dejan tocar
las máquinas, mejor que manden fotos a
los interesados, para el caso, sería lo
mismo.
Y en la lucha por
el mercado de Internet, Microsoft vuelve a hacer
ruido con su interés
por comprar Yahoo. Según los expertos,
existiría
mucha duplicidad en funciones, lo que haría
complicada esta operación para tener efectos
inmediatos en su interés por acercarse
más a Google, el número uno de
la red. Nada está escrito y todo puede
suceder.
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