< Desde el Teclado - 2007
Julio 16, 2007

¿Guerra sin fin?
Javier Matuk

“En esta esquina… el formato VHS”, “En esta otra… la competencia: el formato Beta”. Esta pelea se llevó a cabo a finales de los 70 y principios de los 80. Por un lado, Sony empujaba su “estándar” conocido como Beta y, otra empresa, JVC, propuso el VHS (que, como detalle, quiere decir “Vertical Helical Scan”). Al comienzo de la trifulca, el principal problema era el tiempo de grabación. La primera apenas si ofrecía una hora, tiempo no suficiente para almacenar una película tradicional. Después, muchos factores, entre ellos la manufactura por parte de otras empresas de videocaseteras VHS, llevaron a la gloria a este formato, dejando a Sony “en la lona”.

Resumir una batalla tecnológica de estas dimensiones en unas cuantas palabras es más que complicado, pero digamos que el producto de Sony al principio era más costoso y había muy pocas opciones para comprar el reproductor a otro fabricante. Eso lo colocó en un mercado de nicho y acabó por aniquilarlo.

¿Qué le pasó al consumidor? Por lo menos en México, en miles de casas existieron las dos videograbadoras. Así no importaba en que formato estaba la película o el cassette, se podía ver de cualquier forma.

A principios de los 90, se veía venir otra guerra, ahora por el DVD. Philips y Sony empujaban un formato para los discos. Toshiba y otras japonesas tenían su propia versión. Curiosamente, el presidente de IBM en aquellas épocas, Lou Gerstner medió y facilitó el que no comenzará una nueva guerra de formatos y el resultado es conocido: la popularidad del DVD como medio de distribución de películas fue inmediata.

Es cierto que tardó años en ser accesible para mucha gente, pero por lo menos no existía el problema de los formatos y el consumidor, con sólo ver las letras “DVD” en el reproductor y en los discos, sabía que podría disfrutar del contenido. Las productoras de películas quisieron proteger un poco la distribución con las famosas “regiones”, sin embargo, eso nunca fue impedimento para el éxito rotundo del formato.

El desarrollo de la tecnología ha continuado. Hoy existe la “alta definición”, que puede resumirse en un nuevo formato de televisión que pretende, básicamente, emular una sala de cine. Este asunto ha venido desarrollándose poco a poco, pero bajo un solo estándar. Cada país y cada región del planeta tiene su propio calendario para cambiar de la televisión “análoga” a la “digital”. Pero, el gran pero de siempre, en el inter dos fabricantes han vuelto a las andadas: una nueva guerra de formatos.

Estamos hablando del estándar para ver películas en disco. Lo que vendría a ser el nuevo DVD ahora se presenta en dos versiones: BluRay, comandado por Sony y, por otro lado, HD-DVD, con Toshiba a la cabeza. ¿Estamos en el inicio de una nueva guerra de formatos? Curiosamente, ¡quien sabe!

El auge de las conexiones a Internet de banda ancha, la eminente entrada de la televisión a la pantalla de la computadora, el cambio en la forma de consumir medios digitales, por ejemplo, la música, son factores que hoy nos hacen pensar de forma diferente. ¿Por qué? Es como si en estos días alguna empresa quisiera impulsar un nuevo formato de CD, digamos, el “SuperMicroCDHD” (estoy inventando el nombre). No tendría ni siquiera posibilidades de llegar al mercado. La distribución de música por Internet llegó para quedarse. Ojo, hablo de la distribución, no de la piratería. Las tiendas de discos se van quedando rezagadas y se convertirán en lugares de culto, donde algunos irán a buscar joyas del pasado que todavía no están en formato digital.

Eso mismo puede pasar con las películas en el futuro cercano. Hoy es un disparate pensar que se podrá obtener de la red un archivo de varios gigabytes para disfrutar de un estreno y que la experiencia sea agradable: estamos en los albores de esta forma de consumir películas. Pero, si todas las declaraciones y tendencias que hemos vivido en los últimos meses se cumplen, es muy, pero muy probable que no tengamos que preocuparnos de la nueva guerra de formatos.

En poco tiempo, la señal de televisión de alta definición llegará por la conexión a Internet. En ese escenario, ver una película será cuestión de dar clic en algún lugar de la pantalla, aceptar el cargo por servicio y listo. ¿Formatos? ¿Compatibilidad? ¿Reproductor? ¿Discos? Eso será, sin duda, un asunto del pasado del que sólo nos acordaremos vagamente. Eso sí, continuarán existiendo los locales de venta de discos y películas en medios físicos y tal vez se nos refiramos a ellas como “casas de antigüedades digitales”.

Espero tus comentarios en los Foros dentro de www.matuk.com.

¡Ya casi termino! Estoy escribiendo, “apenas” desde hace 5 años, un libro que narra la vida tecnológica antes de Internet. El título todavía está en definición, pero el subtítulo dice así: “Historia de los primeros sistemas de comunicación por computadora y el nacimiento de Internet en México”. En alguna parte de la obra –de acuerdo a lo que el editor decida- estaré incluyendo comentarios de la gente que quiera participar. Lo que busco es una breve reseña de cómo fue tu primera conexión por computadora. Ojo, no a Internet, sino a un boletín electrónico, a la escuela, a alguna biblioteca, en fin, a cualquier lugar donde tuvieras que marcar un teléfono con el módem (¡de cualquier velocidad!). Si quieres enviar tu participación, simplemente contesta este correo con tu nombre completo, edad, localidad y anexa el texto en el cuerpo del mismo. No archivos pegados, no formatos especiales. Simple y puro texto de máximo 500 palabras. En el asunto del mensaje por favor escribe “LIBRO”. Si es seleccionado, será publicado con tu nombre, edad y correo electrónico. ¡Muchas gracias!

Google sigue imparable. Ahora con la aplicación My Maps, cualquiera puede incluir contenido dentro de los ya famosos mapas de la empresa. Al estilo de “widgets” o pequeños programas, en la página es posible añadir información del tráfico en grandes ciudades o hasta lugares disponibles para estacionarse en sitios específicos, pasando por muchas opciones más. Si te gusta leer en inglés, Wired publicó este articulo en su revista impresa hace poco.

Me llegó un correo de un lector donde se quejaba amargamente de un listado en donde aparecen nombres de usuario y claves de acceso de personas que se suscribieron a alguna promoción que organiza Volkswagen en México. ¡Esto está muy mal! Se trata de un concurso llamado “Reto Volkswagen” y el premio principal es un automóvil. Por alguna razón, alguien consiguió varios de los correos que le llegarían a los interesados. El problema es que ahí aparece el nombre de usuario (que es la dirección de correo) y el password que seleccionó cada quien. Además de que se les filtró esa información, es cierto que mucha gente usa el mismo password para todo. Así, quien sabe cuánta gente pudo entrar a las cuentas de correos de otros. ¿Te pasó algo similar?

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